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- ¿Cómo valora los resultados obtenidos hasta el momento gracias al programa?

- Los resultados de los análisis estadísticos realizados con los datos obtenidos en el curso de la investigación han evidenciado un impacto significativamente positivo del programa, constatándose que los participantes experimentales, es decir, aquellos niños y niñas que realizaron el programa de juego, mostraron:

  •  Desde el punto de vista del desarrollo social:

    1) un incremento de las conductas sociales de respeto por las normas de la sociabilidad y autocontrol de los impulsos, de las conductas sociales de liderazgo asociadas al espíritu de servicio y la popularidad, de las conductas asertivas en la interacción con iguales, y de las conductas prosociales

    2) una mejora de la imagen de los compañeros del grupo que son vistos como más prosociales y creativos

    3) un aumento de las estrategias cognitivas de interacción social asertivas y globales; así como

    4) una disminución de las conductas agresivas en la interacción con otros compañeros, de las conductas antisociales y delictivas.

  •  Desde el punto de vista afectivo-emocional:

    1) un incremento de la estabilidad emocional

    2) una mejora del autoconcepto.

  •  Desde el punto de vista intelectual un aumento de:

    1) la inteligencia verbal

    2) del pensamiento asociativo relacionado con la creatividad verbal

    3) de conductas y rasgos de personalidad creadora

    4) de la creatividad verbal y de la creatividad gráfica.

Los datos en su conjunto sugieren el positivo efecto de las intervenciones basadas en el juego prosocial-creativo para el desarrollo infantil. Por otro lado, los análisis realizados confirman que estas experiencias son especialmente beneficiosas para los niños y niñas que antes de empezar el programa manifiestan bajos niveles de desarrollo. El estudio aporta una herramienta de intervención que estimula el desarrollo de la personalidad infantil, educando en valores ético-morales que previenen la violencia. Además, el programa para este grupo de edad (10-12 años) completa una línea de intervención psicoeducativa que potencia la conducta prosocial desde los 6 a los 14 años. Esta línea de intervención se configura con 4 programas, y el trabajo que ahora se ha elaborado tiene como antecedentes tres programas, un programa para niños de 6-8 años, otro para niños de 8 a 10 años, y un tercer programa dirigido a adolescentes de 12-14 años.

La investigación del programa para niños de 6 a 8 años, basado en los juegos amistosos, de ayuda y cooperación, se llevó a cabo con 6 grupos experimentales y 2 de control, durante el curso escolar 1989-1990. El programa consistió en la administración de una sesión de juego semanal de 60 minutos de duración durante un curso escolar, midiéndose antes y después diversas variables sobre las que se hipotetizó que el programa iba a tener un efecto. Con una muestra de 178 participantes, 125 experimentales y 53 de control, los resultados confirmaron un impacto positivo del programa de juego, observándose en los experimentales un incremento de conductas sociales positivas (liderazgo, jovialidad, sensibilidad social, respeto-autocontrol), una disminución de conductas sociales negativas (agresividad, apatía-retraimiento, ansiedad-timidez), un aumento de la capacidad de cooperación, de la comunicación intragrupo, de las estrategias cognitivas de interacción social, así como una mejora del autoconcepto y de las aptitudes de madurez para el aprendizaje escolar.

El programa de juego cooperativo-creativo para niños y niñas de 8 a 10 años se administró a 4 grupos experimentales, durante el curso 1993-1994. Con un esquema metodológico idéntico, se aplicó una sesión semanal de 90 minutos de duración, y una batería de pruebas antes y después de la intervención. Con una muestra de 154 participantes, 126 experimentales y 28 de control, se exploró el impacto del programa, y los resultados también confirmaron los efectos positivos de la intervención en la conducta prosocial altruista, en la conducta asertiva con los iguales, en la comunicación intragrupo, en el autoconcepto así como en la creatividad verbal y gráfica.

Finalmente, el programa diseñado para adolescentes de 12 a 14 años, que tiene por finalidad desarrollar la personalidad y educar en derechos humanos en este nivel de edad, se validó con una investigación llevada a cabo en el curso 1997-1998, que evidenció efectos positivos para un amplio abanico de factores del desarrollo socio-emocional. Con una muestra de 174 adolescentes, 125 experimentales (4 grupos) y 49 de control (2 grupos), se administraron sesiones de intervención semanales de 2 horas de duración durante un curso escolar y los resultados confirmaron un aumento significativo de: las relaciones amistosas y prosociales dentro del grupo; las conductas sociales asertivas, de consideración y liderazgo; la empatía; la autoestima; las estrategias cognitivas asertivas de afrontamiento de situaciones sociales; y la capacidad para analizar sentimientos negativos. Además se confirmó una disminución de las cogniciones prejuiciosas, de la ansiedad como rasgo de personalidad, y de las conductas sociales de ansiedad-timidez, de apatía-retraimiento, agresivas y antisociales.

En síntesis, los resultados de la evaluación del programa de 10 a 12 años han sido muy positivos, confirmándose su significativo papel en el desarrollo social, emocional e intelectual ya que ha aumentado un amplio abanico de conductas sociales positivas, ha disminuido conductas agresivas y antisociales, ha mejorado la percepción que se tiene de los compañeros del grupo y el autoconcepto, incrementando la estabilidad emocional, la inteligencia y la creatividad.

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