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- ¿Se nota un cierto declive en
valores de los escolares? ¿De ser así,
a qué es debido?
- En cierto modo si existe cierto declive
en la educación de los valores. Existe
la idea de que los niños aprenden valores
o se desarrollan moralmente de forma espontánea
y esta es una creencia errónea. Son
muchas las fuentes para el desarrollo moral,
la familia, los iguales, los medios de comunicación...
Y dependiendo de los modelos que se observan,
de los mensajes, de las recompensas o castigos
que se reciben por las conductas realizadas,
los seres humanos aprenden a ayudarse, a ser
solidarios, altruistas o por el contrario
a ser egoístas, insensibles, agresivos...
Los niños necesitan del modelo y los
mensajes verbales morales de los adultos (padres,
profesores) así como de los modelos
y refuerzos de los iguales, de los compañeros.
Sin embargo, en ocasiones la familia delega
en la escuela y la escuela en la familia,
y ninguno actúa como modelo y agente
de refuerzo de la conducta moral positiva,
ninguno "controla" las fuentes de
influencia que suponen los grupos de iguales
en los que el niño se encuentra inmerso,
ni limita o al menos neutraliza lo que los
niños ven en la TV. Algunos programas
televisivos de gran audiencia infantil presentan
modelos de conducta amoral, de trasgresión
de conductas sociales de convivencia y de
respeto por los demás que habitualmente
no son penalizado. Los seres humanos somos
fundamentalmente "animales sociales",
en el seno de las interacciones sociales nos
"construimos" como personas y en
este contexto podemos aprender a dar ayuda,
a cooperar, a considerar a los otros como
personas valiosas, pero también podemos
aprender a odiar, lo que nos conducirá
a agredir a los otros, a violar sus derechos
como personas. Los valores como el diálogo,
la tolerancia, la igualdad, la solidaridad,
la justicia, la libertad o la paz han de ser
educados, y la familia, la escuela y la sociedad
tienen una responsabilidad compartida en ello.
- ¿El juego es una fórmula
eficaz para educar en valores?
- El juego es un poderoso instrumento de
comunicación y socialización.
Sin ninguna duda, el juego puede ser un medio
para la educación en valores, ya que
todas las actividades lúdico-grupales
que los niños realizan a lo largo de
la infancia estimulan el progresivo desarrollo
del "Yo" social del niño.
Pero no todos los juegos estimulan conductas
sociales positivas, ya que existen juegos
cuya esencia consiste en destruir y matar.
Los estudios que han investigado los efectos
del juego cooperativo han confirmado que estos
juegos promueven la comunicación, aumentan
los mensajes positivos entre los miembros
del grupo, incrementan las conductas prosociales
(ayudar, cooperar, compartir, consolar...),
disminuyen conductas sociales negativas (agresividad-terquedad,
apatía-retraimiento, ansiedad-timidez...)
potencian la participación y la cohesión
grupal mejorando el clima social de aula,
facilitan la aceptación interracial,
elevando el autoconcepto y el concepto de
los demás.
Los juegos cooperativos de los 4 programas
diseñados tienen cinco características
estructurales:
1) La participación, ya que en
estos juegos todos los miembros del grupo
participan, no habiendo nunca eliminados,
ni nadie que gane o pierda; el objetivo
consiste en alcanzar metas grupales, y para
ello cada participante tiene un papel necesario
para la realización del juego
2) La comunicación, porque todos
los juegos del programa estructuran procesos
de comunicación intragrupo que implican
escuchar, dialogar, tomar decisiones, negociar...
3) La cooperación, ya que los juegos
del programa estimulan una dinámica
relacional que conduce a los jugadores a
darse ayuda mutuamente para contribuir a
un fin común, a una meta de grupo
4)La ficción y creación,
porque se juega a hacer el "como si"
de la realidad, como si fuéramos
animales, elementos de la naturaleza, objetos,
artistas..., así como a combinar
estímulos para crear algo nuevo
5) La diversión, ya que con estos
juegos tratamos de que los miembros del
grupo se diviertan interactuando de forma
amistosa, positiva, constructiva con sus
compañeros de grupo.
Así, para que un juego estimule el
desarrollo moral deberá estructurar
unas interacciones sociales específicas.
Los juegos que favorecen el desarrollo de
valores ético-morales y de la conducta
prosocial son juegos que potencian la comunicación,
la cohesión y la confianza entre los
miembros del grupo, teniendo en su base la
idea de aceptarse, cooperar y compartir.
- ¿En qué nuevos proyectos
están trabajando ahora?
- Entre los proyectos actuales relacionados
con la investigación del juego infantil,
podría destacar el diseño y
la evaluación de un programa de juego
para niños de educación infantil
(4-6 años) que representa una tesis
doctoral que estoy dirigiendo y que espero
podamos presentar en la UPV en el 2004. Además,
estamos preparando otra experiencia de intervención
para adolescentes de 14 a 16 años,
que aún se encuentra en un estadio
muy prematuro de desarrollo y representa otra
tesis doctoral que estoy dirigiendo. Por otro
lado, y dentro de otra línea de investigación
en la que trabajo relacionada con el diseño
de instrumentos de evaluación de la
personalidad, estoy preparando una herramienta
para evaluar el autoconcepto desde la adolescencia
hasta la edad adulta, constructo de gran importancia
para el desarrollo humano y cuya investigación
actualmente se encuentra en curso.
- En otro orden de cosas, ¿Qué
le parece la apuesta de Donostia por la creatividad
y la innovación?
- Es un proyecto muy interesante. Esta ciudad
tiene importantes requisitos para ello, por
un lado, es una ciudad que cuenta con importantes
centros de investigación tanto dentro
como fuera de la universidad, una ciudad innovadora
en el ámbito empresarial con un significativo
parque tecnológico, una ciudad que
ha contribuido al desarrollo de personalidades
creativas en campos como el arte, la gastronomía
o la investigación, además de
disponer de infraestructuras arquitectónicas
para congresos, de un marco ecológico
natural, y de una buena situación geográfica
dada su cercanía con ciudades como
París, Lisboa, Madrid, Barcelona...
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