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Biotecnología: Una apuesta económica para el siglo XXI. “Conocer, confiar y querer”

Hace ya cinco años que Angel Gurría, Secretario General de la OCDE, resaltó la necesidad de cambiar de modelo productivo y apostar por la economía del conocimiento o de la neurona, basada en la generación de conocimiento útil. La disrupción tecnológica está cambiando las perspectivas laborales y económicas y avanza a velocidad de vértigo, sin tiempo de adaptaciones, y con actores en posición muy ventajosa. ¿Se puede hacer algo por estar ahí y competir? La respuesta es sí, pero, como ya advertía Gurría, la actuación debe ser intensa e inmediata.

La disrupción tecnológica es fruto de la convergencia de las tecnologías computacionales, las ciencias cognitivas y las biociencias, gracias a la irrupción de herramientas como las nanotecnologías. Estas áreas del conocimiento y su aplicación económica son objeto de una dura pugna entre China y USA. La inversión china en I+D ha crecido de modo sostenido en la última década hasta convertirse en la mayor del mundo. Ha lanzado la iniciativa “Mil Talentos” para repescar la inteligencia china que emigró a USA. Esto ha puesto en guardia al Gobierno Trump que, con la excusa de que pueden estar actuando como espías robando información científica estratégica, ha ordenado al FBI que investigue a quien decida acogerse al plan y se les disuada de su idea de retornar a China. Es un síntoma de la relevancia del asunto.

La terapia génica ilustra a la perfección la situación. La secuenciación del genoma humano a principios de este siglo abrió las puertas a esta modalidad terapéutica con un razonamiento muy sencillo: Si se puede identificar el gen mutado responsable de una enfermedad, por qué no sustituirlo por su versión sana, si es un proceso factible y seguro. Esta frase que se lee en diez segundos supone años de investigación para hacerse realidad. Pero ya lo es. Ya hay medicamentos genéticos comercializados y los ensayos clínicos se multiplican. El mercado está en efervescencia. La Oncohematología concita gran parte del interés de la industria biotecnológica mundial, en especial por la capacidad de algunas estrategias de terapia génica como los CAR-Ts de lograr la curación de hasta un 75% de personas con formas muy malignas de leucemias y linfomas, de otro modo abocadas a la muerte. El informe de la Advanced Regenerative Medicine enumera las billonarias inversiones, alianzas estratégicas, fusiones y adquisiciones efectuadas en 2018 y estima crecimientos anuales de un 15-20% para los próximos años. USA domina el mercado, pero China y Europa no quieren quedar rezagados. Además, el futuro de la Medicina va por esta vía por la sencilla razón con la que comenzaba este párrafo, por los nuevos equipamientos de secuenciación genética masiva que aceleran los resultados y abaratan el coste de las pruebas y por la irrupción de nuevas tecnologías, como la edición génica por CRISPR que permite cortar y pegar fragmentos de ADN con precisión exquisita y a coste bajo. Como no podía ser de otro modo, y para cerrar el círculo, China y USA pelean para liderar “el mundo CRISPR”.

Es, pues, evidente que el sector biotecnológico es uno de los pilares de la economía del futuro. Y Donostia y Euskadi constituyen una oportunidad, aunque hay margen de mejora.

Si el objetivo estratégico es el surgimiento de un nuevo tejido económico, debe sustentarse en la actividad de sus empresas y para ello deben conocerse el modelo de negocio y sus necesidades a lo largo de su desarrollo. El modelo de negocio de la biotecnología es particular, de riesgo, con servicios y productos de altísimo valor añadido y periodos de maduración largos durante los que se va ganando valor a expensas de despejar incertidumbres. Las fases por las que transita una empresa biotecnológica son: creación, lanzamiento, llegada a un mercado internacional muy competitivo, consolidación con una cuota de mercado y crecimiento con producción a gran escala. Además del ABC de “mercado, productos y personas”, el desarrollo exitoso de una empresa biotecnológica precisa de personas muy cualificadas y expertas, recursos financieros y un ecosistema dinámico y bien estructurado. Veamos.

Una empresa que trabaja en la frontera del conocimiento, necesita un conocimiento muy específico y cualificado. La atracción de personas con talento es un reto ya que suelen proceder de países donde la biotecnología está muy implantada, los salarios son más altos y el nivel de vida es similar al nuestro. Iniciativas como Talent House son de gran ayuda, pero deberían reforzarse y acompañarse de otro tipo de facilidades (vivienda, idioma, salarios, fiscalidad, etc) que nos hagan más atractivos.

El Gobierno Vasco ha considerado a las biociencias como un pilar de la estrategia de especialización inteligente RIS3. Esto ha supuesto una mayor apuesta pública por la biotecnología. La mayor parte de fondos públicos se destinan a investigación básica y son bien aprovechados para generar conocimiento básico.

De hecho, el último Informe sobre la Ciencia en Euskadi elaborado por Ikerbasque, indica que ocupamos posiciones de liderazgo en muchos parámetros relativos a investigación.

Sin embargo, la traslación a mercado ha de mejorarse, algo que también sucede en el resto del Estado. Según el Foro Económico Mundial, España está en el top de conocimiento científico y en el puesto 42 en innovación, entendida como la conversión de una idea en valor mediante un proceso creativo. Los recursos financieros y el apoyo logístico públicos existentes hoy en día en el territorio (BIC Berrilán, Fomento San Sebastián, SPRI, etc) son útiles para la primera fase de creación y lanzamiento de la compañía. Las ayudas a la internacionalización (SPRI, Fomento, Diputación, Cámara, ICEX, etc) son bien recibidas, si bien una compañía biotecnológica es internacional desde su creación. Las fases de consolidación y crecimiento son las más críticas pues requieren inversiones muy superiores, que casi siempre proceden de fuentes privadas y foráneas. La atracción de inversión privada foránea depende obviamente del plan de negocio de cada empresa. No obstante, un ecosistema organizado de modo muy eficiente añade competitividad a las empresas del sector y puede ejercer un efecto tractor sobre los fondos de capital riesgo internacionales. Ciertamente somos pequeños, pero la masa crítica ha crecido y somos fuertes en algunas áreas. El ecosistema bio local dispone de hospitales, centros de investigación, centros tecnológicos y empresas. Con la excepción de una gran farma, reúne todos los elementos de una cadena de valor. Es, pues, una oportunidad para plantear proyectos ambiciosos. Tal vez el ensayo clínico sea el prototipo. Un ensayo clínico es la culminación del desarrollo de un producto médico (dispositivo, fármaco u otra terapia).

En el caso particular de Donostia, existe además un foco centrado en la producción de vectores virales para terapias génicas que podría propiciar la creación de nuevas empresas que atendieran sus necesidades específicas, así como ser un factor diferencial y valor añadido a la hora de plantear un ensayo clínico.   

La empresa biotecnológica es sinónimo de empleo de calidad y bienestar. Para que el incipiente sector arraigue en Donostia, hay que conocer, confiar y querer. En palabras de Simon Peres, “lo arriesgado es no hacer nada”. Ya se han dado muchos pasos. Esta reflexión pretende ser un paso más para transformar el país moderno y próspero que ya somos en un país de futuro.



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Donostia es también investigación puntera en nanociencia y nanotecnología. No es una casualidad. Es una realidad que responde a una apuesta valiente y de futuro que debería seguir manteniéndose en el tiempo. Nuestra sociedad, a través de sus instituciones, ha tenido claro que el desarrollo del País Vasco debe ir de la mano de la innovación y ha apostado de forma inequívoca por seguir esta senda. Donostia, con tres campus universitarios, numerosos centros de investigación y un parque tecnológico vivero de empresas de base tecnológica, cuenta con un enorme potencial para destacarse a nivel internacional como ciudad de ciencia, tecnología e innovación.

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