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Caminando hacia una ciudad sostenible

Que Donostia-San Sebastián es una ciudad preciosa lo sabemos todos. Pero algo que también debemos reconocer es que, para que siga siendo así, todos sus habitantes debemos sostenerla y cuidarla para que su encanto perdure en el tiempo. Y esto es así porque se trata de una ciudad delicada, que se enfrenta a numerosos retos que la hacen vulnerable, temas que exponen a la ciudad a su deterioro. Para lograr que esto no ocurra, es imprescindible saber construir entre todos nuestra ciudad del futuro, y seguir el modelo más adecuado para el bien común de la sociedad que la compone. Por esa razón, es a mi parecer indispensable conseguir un desarrollo sostenible de la ciudad. Tenemos la suerte de contar con una guía para este tipo de desarrollo, promovido por la Organización de Naciones Unidas, en el cual se especifican 17 aspectos para poder desarrollarse de manera sostenible.

Partiendo y basándome en esta guía, a continuación expongo las que, para mí, son las 3 claves para crear una ciudad sostenible:

1 ANALIZAR LOS RETOS DE LA CIUDAD.

Una ciudad que mira al futuro, que tiene en cuenta un desarrollo sostenible para crecer, es una ciudad que piensa en el bienestar de sus ciudadanos y entorno, que se anticipa a sus retos y construye el porvenir. Para ello, lo primero es investigar cuáles son nuestros retos, a nivel de ciudad, en cada uno de los 17 puntos mencionados anteriormente, para así conocer cuáles son las principales fortalezas y debilidades. A pesar de que las ciudades sostenibles constituyen un apartado (el número 11) por sí mismos, el resto de los puntos nos darán las pautas necesarias para conocer cuáles deben de ser el resto de las líneas de acción prioritarias. De la misma manera, es interesante crear una serie de mapas en los cuales se pueda ver dónde se encuentran los mayores retos y dónde las mayores oportunidades desarrollo.

¿Qué zonas son más interesantes para explorar las energías limpias? ¿En qué ámbito identificamos el mayor número de retos? ¿En qué zonas es posible promover un consumo o producción agroalimentaria responsable? ¿De qué manera?

Una vez analizadas todas estas oportunidades junto a la ciudadanía, la cual afortunadamente es diversa y con intereses variados, nos permitirá conocer los diferentes apartados a trabajar y hacer un diagnóstico de la situación de la ciudad en términos de sostenibilidad.

2 CREAR UNA ESTRATEGIA DE DESARROLLO SOSTENIBLE.

En esta fase veo indispensable de nuevo la participación ciudadana. Al igual que el programa “Estrategia 2020 Donostia San Sebastián” está invitando a la ciudadanía a participar e involucrarse en la estrategia de la ciudad, esto tampoco debería tratarse de algo aislado, sino todo lo contrario: debe convertirse en la manera habitual de operar con una sociedad y ciudadanía hiperconectada. Conocer en mayor medida los intereses, las necesidades y las preocupaciones de los ciudadanos puede resultar más sencillo que nunca.

Poniendo de manera clara y junto con los agentes que suelen trabajar los 17 retos desde sus ámbitos y especialidades, puede construirse una serie de pautas para que esta estrategia sea inclusiva, detallada, alcanzable y ambiciosa para construir juntos el futuro de la ciudad.

3 UTILIZAR LAS AMENAZAS COMO FORTALEZA.

Sin duda, una de las mayores amenazas a la que se enfrenta la ciudad es el hecho de que para el año 2030 un tercio de la ciudadanía será mayor de 65 años. Sumado a ese reto el hecho de que los jóvenes cada vez se alejan más del centro de la ciudad y de muchos de sus barrios debido al elevado poder adquisitivo que requiere el hecho de vivir en ellas, esto implica que vamos hacia una ciudad cada vez más envejecida.

Sin embargo, lejos de verlo como una gran amenaza, tener más de 65 años hoy en día no implica un cese de toda actividad, sino una nueva oportunidad de construir, después de muchos años de experiencia laboral y de vida, comunidades fuertes en las que trabajar, de manera transversal, estos 17 retos que propone la Organización de Naciones Unidas.

EN RESUMEN

Una ciudad sostenible es aquella que satisface sus necesidades presentes sin perjudicar las necesidades de las próximas generaciones que habitarán en ella. Está en nuestras manos aprovechar las fortalezas que tiene nuestra ciudad para crear un futuro compartido que sea capaz de generar bienestar para las generaciones venideras. Estamos a tiempo, pero para ello es necesario actuar cuanto antes, identificando cuáles son nuestros principales retos; y ver cómo aparentes amenazas demográficas, como el envejecimiento de la población, pueden ser palancas para generar oportunidades de creación de valor para el bien común de nuestra ciudad, nuestra ciudadanía y, por qué no, nuestro planeta.

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