Entrevistas

Apostamos por superar las diferencias entre el centro y los barrios de la periferia y reducir el paro

Juan Karlos Izagirre,

Alcalde de San Sebastián

El 11 de junio de 2011 Juan Karlos Izagirre juró su cargo como alcalde de Donostia/San Sebastián convirtiéndose en el quinto alcalde de la era democrática en San Sebastián. Desde esa fecha ha pasado casi un año y parece un buen momento para hacer balance del tiempo transcurrido y también para hablar del futuro.

Médico de profesión, Izagirre habla de que Donostia sufre un proceso infeccioso agudo pero nada que no se cure con trabajo y dedicación.

Apasionado de su anonimato y del trabajo en equipo, sueña con una ciudad del futuro en la que no haya diferencias entre barrios, el desempleo sea menor, una ciudad rica en cultura, euskaldun y donde la participación ciudadana sea el sello de identidad.

 

En el plano personal

Eres médico de profesión. Y hasta ahora no habías participado en primera línea en la actividad política. Por lo tanto, de la noche a la mañana, dejaste tu consulta de médico y ahora te toca pasar consulta a la ciudad. ¿Qué tal anda Donostia de salud?

Bien. Está atravesando un proceso infeccioso bastante agudo, pero creo que tenemos los medicamentos adecuados para dar la vuelta a esta situación.

Pero antes de nada, quiero decir que soy Alcalde, pero a consecuencia de una circunstancia anormal.  Comenzamos hace un año. Debido a la ilegalización había 40.000 personas que no se podían presentar y ante esa situación estábamos nosotros, un grupo que quería hacer su aportación, y por eso soy Alcalde, para darle la vuelta a todo eso.

Dicho esto, desde que estoy aquí tengo claro cuáles son mis responsabilidades para trabajar por el pueblo con ilusión y dedicación.

La ciudad que nos encontramos, por un lado, es maravillosa, pero por causa de la crisis es también una ciudad castigada. La crisis económica perjudica a la administración pública pero, principalmente, la padecen los ciudadanos; el paro asciende y todo ello requiere un tratamiento especial. Por lo tanto, considero que en este momento ser alcalde en donde sea, o tener un cargo de autoridad en cualquier administración, es bastante difícil. Porque tenemos un nivel de vida muy alto pero en estos momentos los recursos son cada vez más limitados y gestionar eso no es tarea fácil. De todas formas, creo que sabiendo hacia donde tenemos que ir, superaremos esta situación. Tenemos claro que este no es el momento de hacer grandes gastos, pero sí que es el momento de no gastar menos en ciertos asuntos.

Es cierto que la deuda de la ciudad no es tan grande, pero sí que los presupuestos que nos encontramos estaban inflados, no eran realistas y las previsiones para los próximos años son bastante más bajas que las de años anteriores... Entonces, ¿qué tenemos que hacer para que, teniendo menos dinero, los ciudadanos no se quejen?

Así que esta es la situación: no existe el medicamento perfecto para combatirla, pero lo iremos creando a partir de la enfermedad.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida del Alcalde de Donostia?

Me despierto temprano, hacia las seis, cuando puedo hago un poco de deporte y hacia las 7:45 vengo al Ayuntamiento. Manda la agenda: reuniones con diferentes agentes, administraciones, visitas fuera del Ayuntamiento, etc. Solemos estar aquí hasta las ocho de la tarde. A veces me quedo hasta el anochecer por algún asunto de protocolo.

 

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De los quehaceres que dicta el cargo, ¿algo que te guste y algo que no te guste tanto?

Me gusta ver que hay mucha gente que ha depositado su confianza en este nuevo proyecto y tener la oportunidad de trabajar por ello.

No me gusta ser una persona conocida, el haber perdido el anonimato. Por otro lado, no me gusta el juego sucio que veo que abunda en la política.

¿Algo que te haya extrañado?

Lo complejo que es gestionar esta gran casa. Es cierto que cuando estás dentro cambia la perspectiva respecto a lo que creías en el otro lado. También me extraña lo costoso que es que todos los grupos políticos se unan en favor de la ciudad y cómo todos los días se anteponen los intereses partidistas. Yo estoy acostumbrado a hacer trabajos públicos y a que, de alguna manera, todos vayamos en una misma dirección. Aquí te das cuenta de que cada cual tiene sus propios intereses y que muchas veces, esos intereses no van en beneficio de la ciudad.

El alcalde anterior, Odón Elorza, fue el máximo dirigente de la ciudad durante casi 20 años.  ¿Te ves a ti mismo como alcalde durante las dos próximas décadas?

(Risas). No, no (rotundo). Yo me presenté para hacer frente a una situación determinada, quería hacer mi aportación. Y voy a seguir con esa aportación hasta que sea necesario. No me da miedo estar aquí el tiempo que haga falta… pero veinte años son muchos años. Creo que puede ser un error estar tanto tiempo en el poder y se pueden coger muchos vicios. De hecho, así pasó.

Y además, siempre defenderé, que a pesar de que sólo hay un alcalde y de que este es el máximo dirigente del Ayuntamiento, aquí, lo que cuenta es el trabajo en equipo.

Ninguno es más que el otro, aunque sea el alcalde quien tenga que dar la cara ante la opinión pública.

En el plano profesional

Ya han pasado once meses desde que Bildu está en el gobierno municipal, ¿cuál es el balance?

Hacemos un balance positivo. Nos hemos encontrado con una situación difícil; difícil tanto en el plano económico como en el político, pero aún y todo nos hemos enfrentado a la situación con responsabilidad. A pesar de que hay quien trata de transmitir que no gestionamos bien o que estamos paralizando la ciudad, yo creo que hemos demostrado que sabemos gestionar y que la ciudad tiene más movimiento que nunca.

¿Cuál es tu mayor preocupación, el proyecto o asunto que más dedicación requiere?

Gran parte de nuestro trabajo lo dedicamos a buscar acuerdos, consenso. Y también requiere tiempo tratar de encaminar y hacer una lectura positiva de las críticas que recibimos y que no tienen ninguna lógica ni fundamento.

Pero en nuestro día a día también hay otros proyectos importantes que requieren mucho tiempo, como 2016, Tabakalera, la estación de autobuses, Urumea...

También nos lleva mucho tiempo hacer una política de ahorro para mantener el gasto bajo control y no endeudarnos más.

Y yo, personalmente, también paso mucho tiempo en reunirme con agentes y otras personas. No sé decir que no a una petición y el querer estar con todos me lleva mucho tiempo. Además este trabajo no se ve reflejado lo suficiente.

Por otro lado, nuestro estilo se basa en hacer política, en trabajar y en mostrar las cosas una vez que están hechas; y no en salir en la prensa todos los días para vender un producto.

Han pasado 10 años desde que se creó el Plan Estratégico y en este boletín publicamos un reportaje sobre este tema. ¿En qué aspectos crees que ha cambiado nuestra ciudad durante esta última década?

Pues creo que ha habido bastantes cambios durante estos diez años y hemos hablado sobre ello con Kepa Korta más de una vez. Así que a cada cual hay que darle lo que se merece, incluido el agradecimiento. Hay cosas que se han hecho bien, otras no.

Pero la situación actual y la de hace diez años no es la misma. Y puede que al Plan Estratégico haya que marcarle otra dirección o hacer otro diagnóstico.

Creo que, teniendo en cuenta la situación actual, hay que poner el énfasis en el terreno de lo social, en general, hay que planificar más los programas para hacer frente al paro y se debe ahondar mucho más en el bienestar, en la participación y en la cultura. Creo que en momentos de crisis es bueno invertir en cultura. A lo mejor, las

grandes inversiones que recoge el Plan Estratégico habría que dejarlas de lado hasta que vengan otros tiempos.

Pues, mirando a esos tiempos ¿Cómo imaginas Donostia de aquí a diez años, en 2022?

Apostamos por tratar mejor a los barrios y a las afueras, superar el desequilibrio existente entre el centro y los barrios de la periferia. En lo social, reducir el paro y, si es posible, reducir también las diferencias sociales.

Desde el punto de vista de la cultura, me imagino una ciudad desbordada. Se multiplicarán los creadores y tendremos la oportunidad de ver la cultura vasca por todas partes. Me gustaría que la ciudad fuese más euskalduna y, a poder ser, que los desarrollos urbanísticos de los próximos años se lleven a cabo con mayor respeto hacia la naturaleza y el mundo rural.

Así que habrá más viviendas, menos paro, un pueblo más euskalduna, empapado de cultura y los barrios de las afueras estarán mejor. Nosotros trabajaremos con ese objetivo, en esa dirección.

Y para conseguir todo eso, insistimos en que la base es la participación. En resumen, nuestro objetivo es conseguir un sistema de participación mejor que el que tenemos actualmente.

 

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