Entrevistas

Desde lo pequeño y lo local se pueden hacer grandes transformaciones

Jon Albizu

Concejal de Bienestar Social y Movilidad

Jon Albizu Agirrezabalaga (Zumaia, 1975)  cree que  somos una “sociedad muy movilizada que ante un problema no se queda en casa” y lo vive en primera persona ya que es el concejal de Bienestar Social y Cooperación del Ayuntamiento donostiarra.  Está convencido de que la crisis no es  excusa para  reducir en servicios sociales.

¿Donostia/San Sebastián, en 2020? Le gustaría que fuera una ciudad con mucha fuerza del entramado asociativo, con una ciudadanía muy activa y donde el conjunto del sistema público tuviera un mayor peso del que tiene en la actualidad. 

Albizu es licenciado en Ciencias Políticas por la UPV y cursó estudios de sociología en la Napier University de Edimburgo (Escocia).

Bildu apuesta por potenciar los servicios sociales y no ver mermados sus recursos, ¿cuáles son las  prioridades en esta área?

Hay que empezar diciendo que  el  conjunto del sistema de la CAV funciona como un sistema en su conjunto. Es decir, cada una de las instituciones (Gobierno Vasco, Diputaciones, Ayuntamientos) tiene una serie de funciones y responsabilidades que ya establece la Ley vasca de Servicios Sociales 12/2008.

Lamentablemente desde la aprobación de dicha norma queda pendiente su desarrollo y eso es clave para  llevar a buen puerto el principal objetivo que se marca la propia ley, que es, generar bienestar y unos servicios sociales de calidad para toda la ciudadanía.

En la anterior legislatura se dejó pasar la oportunidad de aprobar una serie de decretos que regularán la financiación de los servicios sociales, su intensidad en función de la población etc. En el conjunto del entramado institucional de la CAV todavía no tenemos una ley municipal que  establezca cuales son los mecanismos de financiación de los servicios sociales y ahí existe un debate de fondo que no nos corresponde solo a los ayuntamientos.  

De alguna manera, los servicios sociales de base estamos en un punto de indefensión porque no sabemos cuál es el marco legal en el que podemos desarrollar nuestra labor. En cualquier caso, nuestro reto en 2013 no solo en Donosti, sino en el conjunto de la CAV, es que podamos avanzar para despejar estos caminos y saber hacían donde vamos.

Dicho esto y centrándonos en el caso de Donostia,  nuestra función es servir como “puerta de entrada”.

Todas las demandas, en el ámbito de los servicios sociales, entran por los centros de servicios sociales municipales. Y luego, nuestro sistema de base deriva, dependiendo de las necesidades de cada caso, a una institución u a otra.

Actualmente existen en San Sebastián siete centros de servicios sociales  repartidos por los diferentes barrios donostiarras. Trabajamos en torno a 15.000 expedientes “vivos” (es decir, expedientes que por ejemplo, se abren en 2008, pero que perduran en el tiempo).

Hablamos de familias en situaciones muy diferentes.

No son solo casos  de necesidades económicas, van desde ayudas en el hogar por dependencia de diferentes grados, personas con discapacidad, personas mayores, personas inmigrantes o personas que sufren violencia de género.

Nosotros creemos que en el contexto económico actual, la crisis no puede ser una  excusa para la reducción de los servicios sociales, ni siquiera para reducir la calidad de los mismos.

En los campos en los que tenemos competencias y obligaciones legales y, además, en este caso obligaciones éticas con respecto a nuestro compromiso político, creemos que hay que reforzar los servicios sociales y no disminuirlos.

Evidentemente la merma de ingresos condiciona todo esto. Pero como se trata de establecer prioridades nosotros tenemos claro que no vamos a reducir en esos servicios sino que tenemos que buscar otras áreas donde recortar.

-¿Cómo se presenta 2013 desde la perspectiva del departamento de Bienestar Social?

Hemos presentado un presupuesto en el que a pesar de que el ayuntamiento (en su conjunto) tiene menos ingresos, el departamento de servicios sociales mantiene sus apuestas estratégicas. Con lo cual no hay una merma en el gasto.

La Ley vasca de Servicios Sociales ya define que somos el servicio de base y de acuerdo a esto, nuestro objetivode cara a este año es mejorar el centro de Servicios Sociales de Zuhaizti (que da cobertura a los barrios de Gros y Egia), que necesita una ampliación, algo que abordaremos si conseguimos suficientes ingresos como para ejecutarlo.

2013 va a ser el primer año  en que el servicio “Gaueko” va a estar abierto los doce meses, como uno de los compromisos que asumimos. El Gaueko, antes Neguko es un servicio de noche para la gente que está en calle sin otro recurso.

Vimos que la demanda era altísima,  que había mucha gente sin recursos y en este sentido ha habido un experiencia muy interesante que se llama Kale Gorrian y que se centra en contabilizar cuanta gente está en la calle.

Y por ello, hemos pasado de abrir cuatro meses (los de invierno) a abrir doce.

Con esto no se corrige el mecanismo de desigualdad en la sociedad pero si se amplía un servicio necesario en la ciudad.

Otra parte muy importante de nuestra gestión se centra en el Servicio de Ayuda Domiciliaria, el SAD, que cofinanciamos con 7 millones de euros al año. Son ayudas que permiten, según el grado de autonomía de los receptores, desde unas horas para limpieza en el hogar hasta asistencias de otro tipo. 

-¿Desde que comenzó la crisis en 2008 cuál es el aspecto que les ha resultado más grave,  más impactante  desde la perspectiva de lo social?

La perspectiva no es solo desde los servicios sociales.

El paro es uno de los factores que más está influyendo. Si vemos una gráfica del conjunto de ayudas públicas hay una relación directa en los últimos cinco o seis años  entre desempleo y subsidios.  Eso se nota. 

Y luego Donosti tiene unas especificidades concretas, es una ciudad con una tasa de gente mayor muy alta, una esperanza de vida elevada. Personas, en definitiva, que requieren más ayudas y otros cuidados, y esto aunque no tiene relación directa con la crisis supone un gran reto al que dar respuesta y un gran trabajo que realizar.

-¿Qué sociedad/país/zona es para Jon Albizu modelo a seguir, en cuanto a servicios sociales y atención a los más desprotegidos? ¿Y qué deberíamos aprender de ellos?

He vivido varios años en Escocia, un año en Italia, y, la sensación general, desde mi experiencia personal es que la red del conjunto de la Administración Pública, no solo de los servicios sociales, es mucho más amplia que la que tenemos aquí.  

Tengo una amiga que actualmente vive en Bruselas y cuando hablo con ella de aspectos como los servicios que tiene por ser madre (algo tan natural), de la cobertura en bajas por maternidad, el grado de ayudas que percibe desde la Administración Pública es mucho más grande.

La sensación general es que los países que apuestan por ofrecer mejor calidad de vida a sus ciudadanos y ciudadanas, en la medida en que lo público tiene un mayor peso, permiten el desarrollo personal, económico y social en muchos más ámbitos que el nuestro.

A veces, tengo la sensación de que en los países del sur de Europa se quiere circunscribir la política social a la red familiar solo y exclusivamente.

Y nosotros tenemos una apuesta decidida por que sea el conjunto de las administraciones públicas el que ofrezca servicios que permitan el desarrollo  de las personas, bien sea una madre soltera o con pareja, una persona mayor etc.

-En los últimos años se habla mucho de innovación social, ¿ cómo se aplica la innovación en lo social ?

Posiblemente, tenemos mucho más que hacer en el tema del intercambio intergeneracional. Y en las necesidades que tenemos las diferentes generaciones y que somos complementarias.  

Creo que tenemos un gran reto en crear un entramado de colaboración entre diferentes generaciones.

La gente con cierta edad tiene un conocimiento de una serie de cosas que de alguna forma estamos perdiendo las generaciones más jóvenes. Es una riqueza en muchos ámbitos que estamos dejando escapar y no solo  supone una pérdida desde el punto de vista cultural sino también desde la perspectiva de recursos, de autonomía y de conocimiento.

Esa interrelación entre las diferentes generaciones deberíamos articularla desde la innovación y de manera transversal, no solo desde los servicios sociales.

¿Cómo siente que estamos de valores los y las donostiarras?  O dicho de otra manera, ¿qué nos mueve a actuar en determinadas causas?

Una de las cosas que más me ha sorprendido, es la capacidad que tienen los y las donostiarras, y el conjunto de la sociedad vasca, en generar asociaciones en torno a un problema sea del tipo que sea.

Tenemos asociaciones que colaboran, se agrupan y luchan en todos los ámbitos. Es impresionante.

Lo estamos viendo, estos últimos meses, asociaciones que trabajan en contra de los desahucios y la explotación de los bancos.  Asociaciones en torno a enfermedades como la fibromialgia, el alzheimer, el cáncer, enfermedades mentales, enfermedades raras…

Es un valor que va mucho más allá  de la labor que puede hacer un ayuntamiento o una institución pública.  En este sentido, y dado que también soy, concejal de cooperación, tengo la suerte de mantener reuniones con infinidad de asociaciones de todo tipo y me demuestran, desde el voluntariado, la gran riqueza que tenemos en la ciudad, es algo  que no se puede evaluar económicamente pero desde el punto de vista de valores es impresionante.

Tenemos una sociedad muy movilizada, ante un problema no se queda en casa. Ante un problema busca complicidades en el conjunto de la ciudad y busca soluciones.

Creo que hay un alto grado de militancia social. Igual a veces no da esa sensación pero es una ciudad con una altísima actividad social.

El propio dinamismo de la sociedad supera a la administración pública.

Y de cara al futuro, ¿Cómo se imagina Donostia dentro de diez años? ¿Cómo le gustaría que fuera?

Me cuesta pensar en clave de predicción. La verdad es que ese ejercicio lo hago en muchos ámbitos no solo en el de los servicios sociales y es complejo. En los últimos cuatro años ha cambiado tanto. Nadie preveía una crisis de este calado.

Hace cuatro años nadie se esperaba que el movimiento contra los desahucios fuera a ser tan potente y ahora mismo es una especie de ola, incluso el movimiento de indignación social contra los casos corrupción política y económica.

Con lo cual dentro de diez años no me hago una idea…

Lo que si me gustaría es que la ciudad apostase, en el futuro, por la ciudadanía, una ciudadanía más activa, que ya lo es. Y que reforzáramos, por un lado, el conjunto del sistema público en todos sus ámbitos, desde la movilidad, a los servicios sociales, el empleo…que lo público tuviera un mayor peso y que el entramado asociativo fuera más potente y por otro lado, que Donostia fuera una ciudad de derechos sociales y derechos políticos mucho más consolidada. Creo que ese es el camino.

Tenemos la suerte de que Donostia es una ciudad muy pequeña y muy habitable con lo cual las relaciones y los entramados son mucho más intensos.

Y luego, posiblemente, la situación económica ira variando. Creo que el propio sistema económico  está en entredicho. Un sistema económico como el capitalismo basado fundamentalmente en el beneficio económico, no sé, si es sostenible en el tiempo.

Hay que trabajar ámbitos mucho más locales de decisión y de intervención.

Creo que desde lo pequeño  se pueden hacer grandes transformaciones.

Y como tengo esa esperanza creo que desde lo pequeño, desde la protesta y el compromiso se puede transformar casi todo.

Y espero que superemos el propio modelo económico en el que vivimos, ¿hacia dónde? No lo sé, me cuesta mucho hacer esa abstracción pero si me gustaría que fuéramos en ese camino.

 

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