Entrevistas

La resiliencia busca que las ciudades estén preparadas para lo inesperado

José María Sarriegi

Coordinador del proyecto Smart Mature Resilience

José María Sarriegi (Beasain, 1970) es doctor en Ingeniería, profesor en TECNUN-Universidad de Navarra y coordinador del proyecto europeo Smart Mature Resilience del que Donostia/San Sebastián es ciudad de estudio o laboratorio.

 

Durante tres años (2015-2018) el proyecto ha servido para conceptualizar el término resiliencia, ha estudiado sus diferentes grados de desarrollo en siete ciudades europeas y ofrece como resultado una serie de herramientas que servirán en el futuro a otras ciudades.

José María Sarriegi “Sarri” como le conoce todo el mundo, se muestra satisfecho con el trabajo realizado, con los resultados obtenidos y en especial con el desarrollo que han tenido como grupo.

 

En clave profesional

-  ¿Qué es la resiliencia?

La resiliencia es una aproximación holística a la gestión de crisis.

Tradicionalmente la aproximación que se hacía ante la llegada de una crisis estaba basada en la gestión de riesgos, qué nos puede pasar y prepararnos para ello: una inundación, una epidemia etc. pero por separado.

La resiliencia, en cambio, transforma esa forma de aproximación para complementarla. La gestión de riesgos funciona perfectamente en la medida en que te sucede aquello que habías vaticinado que iba a suceder pero cuando lo que sucede no es lo que habías previsto, la gestión de riesgos empieza a ser menos eficaz.

La resiliencia, por tanto, responde a qué puede hacer que una ciudad, empresa… esté preparada ante eso que puede suceder indepedientemente de que  suceda o no.

Hablamos de la capacidad de un sistema, en este caso las ciudades, para evitar sufrir crisis, disminuir su impacto en caso de padecerlas o reducir el tiempo y los recursos necesarios para volver a la normalidad tras haberlas padecido.

Los ingenieros dibujamos una gráfica del funcionamiento de algo que baja y luego sube, pues en este caso sería conseguir que baje menos y que suba lo antes posible.  

-¿Por qué es importante que las ciudades sean resilientes?

Cada vez es más difícil predecir lo que nos va a pasar. El mundo  es cada vez más complejo. El cambio climático, por ejemplo, cómo va a evolucionar cuánto nos va afectar…es muy difícil de preverlo aunque hay escenarios…pero sobre todo ver todas sus consecuencias, es difícil, porque la sociedad es cada vez más compleja.

Nosotros aquí tenemos cada vez más problemas de caracter social, el envejecimiento de la población, más personas que viven solas…y la tecnología es tremendamente compleja, porque muy probablemente tendremos algún problema serio que no hemos sido capaces de prever porque carecemos de la experiencia. El día que haya un ciberataque serio, internet se caiga o haya un apagón más largo de lo previsto, como no tenemos la experiencia ni antecedentes, vamos a tener problemas. La resiliencia busca estar preparados para lo inesperado.

-En el transcurso del proyecto Smart Mature Resilience han trabajado en colaboración con ciudades europeas implicadas en el proyecto en diferentes grados o niveles. ¿Qué ciudad es un buen ejemplo de resiliencia?

Cada ciudad es ejemplar en aquello que tiene experiencia. Roma es un buen ejemplo de protección del patrimonio cultural, porque tiene muchísimo patrimonio cultural.

Kristiansand puede ser un buen ejemplo en la gestión de las inundaciones, y Donostia es un buen ejemplo en la gestión de los embates del mar. Cada una es buena en aquello que tiene experiencia.

Y luego algunas han avanzado más y tienen una visión más transversal, más holística. A mi particularmente me gusta mucho el caso de Glasgow (Escocia). Probablemente son los que más han avanzado en tener una visión de la seguridad de la ciudad más integral.

- ¿Cuáles serán los siguientes pasos del proyecto Smart Mature Resilience?

Este es un proyecto de investigación. Las ciudades quieren herramientas pero en un proyecto de investigación las herramientas no están al principio.

Nos gusta explicarlo con una metáfora y es que estamos construyendo el barco y navegando a la vez. Ahora, después de tres años de proyecto ya disponemos de unas herramientas. Por lo tanto, el siguiente paso es plantearnos una implementación seria de esas herramientas en ciudades. Los investigadores jugamos un papel relevante al inicio de este proceso pero ahora el papel relevante es el de las ciudades que tienen que demandar la implementación. Y los académicos podremos colaborar pero en un segundo plano.

-Una de las claves de este proyecto está en que las herramientas que se han generado,  lo aprendido a través de esta experiencia sirva a cualquier ciudad del mundo. ¿Cómo se consigue?

Una de las herramientas centrales del proyecto es un modelo de madurez que presenta cinco fases por las que una ciudad tiene que pasar para ser resiliente. La participación de Tecnun en esta herramienta ha sido importante. El gran problema de estos conceptos, como en su día sucedió con el concepto de excelencia empresarial, es aterrizarlo o llevarlo a la práctica.

Con esta herramienta en lo que hemos trabajado fundamentalmente es en dar un paso más, de manera que aterrice en aspectos más concretos y fácilmente identificables.

Esos cinco estadios por lo que una ciudad tiene que pasar se visualizan en diferentes áreas: organización, infraestructuras-recursos, redes de colaboración, liderazgo…

La herramienta nos dice qué cabe esperar de cada ciudad en los diferentes periodos por los que pasa. Los cinco estadios son: starting (inicio), moderate (moderado), advance (avanzado), robust (robusto) y vertebrated (vertebrado) y responden por cada una de las siglas al término SMART.

La herramienta ayuda a visualizar el camino que debe recorrer cada ciudad en las diferentes áreas, sabiendo dónde está.

- ¿Y Donostia/San Sebastián como está de resiliencia?

Lógicamente en los temas que tiene experiencia muy bien pero se van descubriendo áreas de mejora. Algo a lo que el proyecto ha contribuido de manera significativa es a incrementar la colaboración entre los diferentes departamentos e instituciones. El problema más típico en la mayoría de ciudades es que los departamentos trabajan con cultura de silo. Se responde al viejo paradigma de la gestión de riesgos. Es decir, yo gestiono estos temas y el departamento de al lado gestiona esos otros. Como si se tratara de  infraestructuras estancas.

Si estamos diseñando una infraestructura de transporte en la ciudad, tenemos que tener en cuenta la realidad social de la ciudad, de cada zona. Cada vez  más gente mayor que vive sola, barrios o zonas donde se concentra un mayor número de personas mayores… No podemos diseñar el metro sin tener en cuenta esta realidad, de manera que si algún día deja de funcionar lo hayamos tenido en cuenta y estemos preparados.

Lo mismo se puede trasladar con el cambio climático. Si queremos mitigar las consecuencias del cambio climático no podemos olvidar que infraestructuras son imprescindibles.

-¿Cuáles son las infraestructuras críticas?

Creo que es en la co-creación donde hay que incidir. Es decir, intentar que cada uno no se enfoque en su problemática. Si cooperamos más en el largo plazo es beneficioso para todos. En el corto y medio plazo supone más trabajo pero a la larga va a ser beneficioso para todos.

Esto pasa en todos los ámbitos. En la familia, en la ciudad, en la empresa al final no son tan distintas unas de otras.

-¿Cuál es a su modo de ver el elemento clave, el valor añadido que aporta este  proyecto?

Creo que hay que insistir en la línea de la cooperación y la co-creación. El primer logro o elemento diferenciador del proyecto es operacionalizar un concepto que es ambiguo de entrada, hacerlo más cercano a las necesidades específicas de cada ciudad. Y luego insistir muchísimo en la necesidad de co-crear los desarrollos de la ciudad. Qué todos los que van a terminar siendo afectados por un desarrollo u otro en la ciudad participen en el diseño de ese desarrollo. Por último, está la visión transversal de las futuras crisis porque en la medida en que se trata de un sistema complejo existen más interconexiones.

Me gusta poner el foco en el concepto de complejidad, porque tiene lo suyo. La complejidad implica que no solo puedes actuar en una línea. En un sistema complejo, haces algo en un área pero esa acción va a tener consecuencias en otras, de manera que no puedes hacer solo una cosa porque existen muchas interconexiones.

Tenemos que creernos que a día de hoy, el mundo es complejo y que las aproximaciones a esas situaciones pensando que solo nos vamos a encontrar ante una posible situación, no son eficaces.

 

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En clave personal

-El proyecto Smart Mature Resilience arrancó en 2015 y este año 2018 finalizará. A lo largo de estos años han trabajado en colaboración con otras universidades, ciudades, instituciones a nivel europeo. ¿Cómo valora personalmente la experiencia?

La experiencia es fabulosa a todos los niveles. Primero porque descubrir otras maneras de pensar, otros modelos mentales, otras ciudades es muy satisfactorio.

A nivel de maduración del grupo ha sido también muy interesante. A lo largo de estos tres años ha pasado por el proyecto gente joven y ha sido un reto muy valioso. Les planteas un auténtico challenge, no se trata de hacer un proyecto para una empresa del polígono del barrio de al lado.

A nivel de autoestima de grupo ha sido muy bueno, también. A veces pensamos que no somos capaces de hacer las cosas o que fuera harán las cosas mucho mejor que nosotros. Y luego ves los resultados, y te das cuenta de que somos muy capaces de hacer las cosas bien. Por eso para la autoestima de grupo, ha sido muy valioso, nos ha dado esa perspectiva de que somos capaces de gestionar un proyecto de casi 5 millones de euros, con una media de edad (quitándome a mi) de 30 años. Pues sí, resulta muy satisfactorio.

¿Cómo es un día laboral en la vida de José María Sarriegi?

Lo normal es que venga aquí responda emails a primera hora y luego trabaje más en  desarrollo y docencia. En nuestra universidad tenemos una dedicación del 50% a la investigación, 40% a la docencia y el 10% restante a encargos o labores de gestión.  

¿Cómo se imagina las ciudades en el futuro? ¿cómo le gustaría que fueran?

Me las imagino muy dependientes de la tecnología y espero que no dominadas por ella. El riesgo que corremos es que la tecnología devore algunos terrenos que ahora son controlados por las personas.

A mi uno de los ámbitos que más me preocupa es el de la comunicación. Tenemos muchísimo acceso a la comunicación pero es difícil separar la objetiva de la que esta marcada por una intención, unos intereses o una tendencia oculta.

Creo que eso en el futuro va a ser determinante, el hecho de que la ciudadanía esté por encima de la tecnología, y ahora mismo, la tecnología está teniendo un cierto dominio sobre la parte humana. No consigo imaginarme como será el futuro pero si me preocupa un poco esa dependencia que tenemos a día de hoy. Y cuando lleguen los coches autotripulados etc. va a haber mucha inteligencia en la tecnología. Como se va a compatibilizar eso con una sociedad como la nuestra, envejecida, con cada vez más gente viviendo sola, dependientes…los retos están ahí.

Dígame, una ciudad resiliente para vivir,otra para visitar y otra para descansar.

Tengo muy claro que me gusta vivir en Donostia, y que no se enteren los turistas, me parece la ciudad ideal para vivir.

Para visitar, tal vez, Roma. Me llama la atención que ese aparente caos y desorden no lo es tal. La ciudad sobrevive a la improvisación y a ese aparente vorágine. Es una ciudad divertida, en la que pasan muchas cosas.

Para descansar, me gusta mucho Vejle, en Dinamarca. Es una ciudad en la se respira relax. Todo parece estar ordenado, previsto, y la sensación que transmite es que la gente es muy cumplidora. Es una ciudad en la que resulta fácil relajarse, da la sensación de que no hay margen para la sorpresa y además se come muy bien.

 

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