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El proceso de envejecimiento, ¿problema o motor de cambio e innovación?

El envejecimiento de la población es un hecho constatado en nuestra ciudad. Hoy en Donostia un 24% de la población tiene más de 65 años y según las proyecciones del EUSTAT superará el 27% en 2030; en ese año, el 50% de la población donostiarra tendrá más de 50 años.

Este hecho es reflejo de un fenómeno global, de una historia de éxito fruto en buena medida de los avances de la sociedad en la que vivimos. El fuerte incremento de la esperanza de vida junto con un importante descenso de las tasas de natalidad hace que haya, por primera vez en la historia de la humanidad, más personas mayores que niños y niñas, indicando todas las proyecciones demográficas que esta tendencia no es solo un escenario posible sino que salvo catástrofes o fenómenos singulares se producirá con un 100% de certidumbre.

Los efectos del cambio demográfico son ya visibles en Donostia donde si tuviéramos 100 habitantes, 17 tendrían menos de 19 años, 15 tendrían entre 20 y 34, 29 entre 35 y 54, 21 entre 55 y 70, y 18 más de 70 años.
Esta nueva estructura demográfica transforma de manera sustancial el funcionamiento de nuestra ciudad y tiene un impacto claro en todos los ámbitos de la vida: planificación y gestión urbana, infraestructuras y servicios, educación, mercado laboral, movilidad, servicios sociales y sanitarios, cultura, gobernanza, … Una realidad nueva, desconocida, que requiere ser abordada en toda su complejidad y a diferentes escalas, tanto de manera individual como a nivel de ciudad.

En este contexto de cambio demográfico, muchas veces nos referimos al envejecimiento más como un problema que como lo que realmente es: una realidad que presenta sí, grandes desafíos, y también muchas oportunidades.

No podemos olvidar que los retos que plantea el proceso de envejecimiento nos interpelan a todos y todas, y que su abordaje exige considerar deseos y necesidades de mayores y jóvenes. Hablar de vejez exige considerar todo el curso vital y también recomponer el pacto entre generaciones para que todas las personas, independientemente de la edad y del peso que su grupo representa, podamos desarrollar nuestro proyecto vital con sentido e igualdad de oportunidades.

Agentes públicos y de la sociedad civil, están desarrollando desde hace tiempo iniciativas que tienen como objetivo hacer frente a los desafíos que plantea el proceso de envejecimiento. En ese camino, las reflexiones estratégicas realizadas en nuestra ciudad en los últimos años han planteado la necesidad de abordar estos desafíos desde un enfoque integral y sistémico. Donostia Lagunkoia es la herramienta que el Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián impulsa con el fin de generar un espacio de construcción colectiva que facilite la comprensión de estos nuevos retos y sus interdependencias.

Así, Donostia Lagunkoia conecta, desde la visión holística que hemos construido colectivamente, iniciativas, agentes y recursos, y promueve actuaciones que tienen como propósito común construir en una Donostia que envejece, una ciudad amigable para todas las edades. Para las personas que vivimos hoy, y también proyectando hacia el futuro, con el propósito de anticipar y proponer respuestas para las generaciones venideras.

En Donostia las personas que envejecen son personas con intereses, capacidades, expectativas, itinerarios y proyectos de vida diversos, y suponen un activo importante a la hora de avanzar en la construcción de esa ciudad mejor para todos y todas. Estas personas señalan con su participación, desafíos concretos que aunque a priori pueden parecer relacionados con necesidades vinculadas a la vejez, en la mayoría de los casos conectan con necesidades e inquietudes que trascienden al ciclo vital. Porque en esta época de cambio acelerado y complejidad, la edad ya no es, y no será, un elemento homogeneizador.

En Donostia Lagunkoia abordamos la complejidad de los efectos del cambio demográfico estructurando nuestro trabajo en torno a cuatro ejes que pretenden señalar retos que hemos considerado singulares y específicos en nuestra ciudad y que en su formulación evidencian que la longevidad puede ser una importante palanca de cambio e innovación social.

 

En el eje Espacio Público y Movilidad, hablamos de reforzar en la planificación, diseño y gestión de calles y plazas, la idea de espacio público como bien común, de entender que el espacio público determina nuestras relaciones sociales, y que genera, o no, en función de cómo se diseña y gestiona, vínculos e interacción social, influyendo directamente en la convivencia y cohesión social. Calles y plazas forman parte de un sistema que como un organismo evoluciona con la población.

En Vivienda para toda la Vida ponemos una atención especial en la vivienda existente, viviendas que en su mayoría no han sido diseñadas o construidas para cubrir las necesidades de las personas que envejecen en términos de accesibilidad, tamaño, o ubicación. Hablamos de flexibilidad y adaptación de normativas, de accesibilidad, de información y asesoramiento, de generar instrumentos financieros nuevos. También de desarrollar nuevos modelos y alternativas de vivienda que puedan dar respuesta a estilos de vida diversos y más acordes con las nuevas formas de vivir en el siglo XXI.

Una Comunidad que Cuida reflexiona sobre cómo articular respuestas colectivas a los retos que nos plantea una dimensión tan esencial, cotidiana y permanente, como son los cuidados. Vulnerabilidad de la vida, cambio del modelo familiar, crisis de cuidados, vínculos y relaciones de proximidad, redes de apoyo que se construyen en términos de reciprocidad e interdependencia, acción comunitaria que promueve la participación de personas que viven situaciones de fragilidad y reconoce su capacidad para ser agentes activos en esa construcción de comunidad.

La visión del eje Transición a un nuevo ciclo vital y gestión de la edad señala la vejez como una etapa más del curso vital, una etapa que requiere como otras preparación y una cierta anticipación para tomar decisiones que faciliten un buen envejecer, a las personas y también en las organizaciones; itinerarios y ciclos vitales, toma de conciencia del punto de inflexión que supone la jubilación en las trayectorias vitales, transferencia y gestión del conocimiento en las organizaciones ante las jubilaciones masivas que se van a producir en los próximos años, relevo generacional, gestión de la diversidad y aprendizaje intergeneracional, flexibilidad, anticipación y transiciones, vida con sentido y proyecto vital como elemento clave para un buen envejecer.

Estos 4 ejes articulan contenidos que son interdependientes y que necesitan para su implementación de la interacción y cooperación de múltiples actores, públicos y privados, que comparten y se comprometen con los objetivos, principios y valores y formas de hacer en los que Donostia Lagunkoia se asienta. Porque los retos que el envejecimiento plantea son retos sociales que como tales requieren respuestas colectivas.

Para terminar, no podemos olvidar que el concepto de vejez está cambiando (en los últimos años de forma acelerada) y que estos cambios van a demandar una renegociación de lo que entendemos por vejez. Por sus actitudes y demandas sociales, las nuevas generaciones de mayores están renovando el imaginario del envejecimiento en nuestra cultura: ¿quiénes y cómo serán las personas mayores del futuro si hoy en día una persona de 65 años ya no se siente mayor? Surgirán, seguro, perfiles diferentes que requerirán acercamientos personalizados porque la vejez se presenta de manera diferente en personas diferentes y por lo tanto no podemos hablar de un único patrón de envejecimiento.

Como la juventud, la vejez es una construcción social que varía según los marcos mentales y el contexto cultural e histórico que determina cómo ha de ser un ciclo vital. Hoy la sociedad está cambiando de manera tan radical y acelerada que muchas veces no sabemos, ni tampoco imaginamos realmente, que tipo de sociedad va a resultar de la revolución de la longevidad y de los cambios tecnológicos que como personas y sociedad deberemos gestionar.

Lo que sí parece evidente es que abordar estos desafíos requiere integrar principios como diversidad, interdependencia o reciprocidad; dar visibilidad a la vulnerabilidad y reivindicar la importancia que tienen los cuidados en la sostenibilidad de la vida; promover acción comunitaria y también reconocer el valor de saberes y conocimientos basados en la experiencia y la memoria como activos de primer orden de una sociedad que exige ser capaz de imaginar nuevas respuestas.

El reto es grande y complejo y su abordaje requiere articular como decíamos respuestas colectivas y singulares a las necesidades del presente y también anticipar y proponer soluciones que nos permitan construir el futuro al que aspiramos. Tenemos conocimiento y también capacidad para generar las respuestas que esta nueva realidad exige. Es la hora de actuar.¿Lo hacemos juntos?

 

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